Verano urbano

Cumplo años en enero. Cuando era chica eso significaba celebrarlo prematuramente en diciembre o cuando ya tenía casi otro año de vida en marzo. Es que para mí, enero y febrero implicaba que tanto mi familia como la mayoría de mis conocidos pasara su tiempo de descanso en la costa o como muy loco las sierras de Córdoba, dejando a mi cumpleaños en la nebulosa. Buenos Aires quedaba desierto.

20150127_092950

Tanto tiempo asociando enero y febrero con la playa hicieron mella en mis primeros años post-colegio y de comienzos laborales (¿quién no agarró un laburo en diciembre quedándose sin vacaciones hasta junio?). Estos dos primeros meses del año convertían a Buenos Aires en una ciudad fantasma donde el calor brotaba del pavimento y no faltaba la nota periodística que friera un huevo en el asfalto o nos mostrara las colas del verano mientras acá nos secábamos las gotas de la frente. Tal vez por eso, para mí, estos eran los meses “muertos”. No se hace nada, no hay nadie, hace calor.

Saltamos hacia adelante en el tiempo unos años (también unos números en mi edad) y tanto las costumbres vacacionales como las actividades urbanas cambiaron. Sin estar “obligada” a ir a la costa como destino de descanso y gracias (en mi caso) a poder elegir el mes en que me puedo tomar licencia, las vacaciones se transformaron en otra cosa. Y enero y febrero también. No sé si es porque me puse más vieja o el cambio climático me está afectando (muy probablemente sea una mezcla de las dos opciones), pero pasar el verano en la ciudad ya no me parece tan terrible.

En primer lugar, desde hace tiempo que la ciudad sigue funcionando -casi- como si fuera cualquier otro mes. Sacando los primeros días del año donde sí se nota una gran ausencia masiva, una vez que comienza la actividad laboral todo parece volver a la vida. La gente sigue saliendo. Como una primavera extendida, barcitos, restaurantes y boliches siguen igual de abiertos que el resto del año. Bares al aire libre o con terrazas son indispensables para tomar y picar algo bajo el cielo estival. Incluso para el que no terminó de quedar “quemado” por el ritmo de diciembre, el verano puede ser una buena oportunidad para hacerse algún cursito que durante el año no tenía lugar en la agenda.

Por otro lado, increíblemente, las temperaturas de este año vinieron (por ahora) bastante agradables, con algunos días con menos de 20º y todo. Esos días son ideales para quienes gustan de hacer actividades al aire libre; correr y andar en bici no se sufren tanto e incluso dan ganas de probar algunas bicisendas de noche. Para el que está de vacaciones “de actividades físicas”, hay muchas otras opciones para no aburrirse. Y si hace mucho calor también nos podemos resguardar en los museos que siguen proponiendo muestras interesantes.

Con tantas cosas para hacer, en mi caso el verano es algo que ya no sufro. Trato de pensar que simplemente son meses para pasarla más tranqui, con menos cantidad de trabajo (o por lo menos, con menos corridas, esas se las lleva todas diciembre) e ideal para seguir aprovechando la luz del sol después de la oficina. Incluso se convirtió en una época de festejo: mi cumpleaños se empezó a celebrar conforme cambiaron los hábitos de todos los que me rodean (léase “nos volvimos más viejos”). Pero sobre todo disfruto y aguanto estos meses (y, debo admitir, viene una sonrisa a mi cara) con el pensamiento de que cuando la mayoría vuelve de vacaciones, yo recién estoy armando la valija.

Lu.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s