Historia y gastronomía en San Telmo

San Telmo está lleno de lugares históricos. Cada calle, cada iglesia, cada patio tiene algo para contar. Es que Buenos Aires transitó sus primeras etapas en este barrio, muy cerca del supuesto lugar de fundación de la ciudad y a cuadras nomás del centro neurálgico que fue Plaza de Mayo, especialmente durante la época de la colonia. Antes que se produjera la migración hacia zona norte, la mayoría de las casas de las familias importantes estaban en esta área, así como también despensas, almacenes y locales varios. Toda la vida de la ciudad se circunscribía a unas decenas de cuadras. Hoy, aunque poco queda de esos antiguos edificios, San Telmo sigue siendo un barrio donde se siente un aire nostálgico gracias a las típicas casas coloniales que quedaron en pie. Por suerte, muchas de ellas están abiertas al público y varias la forma de restaurantes. Acá dejamos tres opciones de algunas de las casas más antiguas de la ciudad donde, además de comer un buen plato, podemos disfrutar de una buena historia:

Antigua Tasca de Cuchilleros (Carlos Calvo 319): Bajo la promesa de unir el pasado con el presente, “la Tasca” le suma un plus a su típico restaurante “parrilla al carbón y leña” gracias a la historia del edificio donde se encuentra. En el solar donde descansa esta casa declarada Monumento Histórico Nacional ocurrió una historia de amor de novela. Según cuentan, en un sector de esta casa construida en 1729 (una de las más antiguas en pie), la joven Margarita fue encerrada por su padre porque había sido prometida a un jefe de la Mazorca de Rosas. Pero por supuesto Margarita estaba enamorada de otro, un payador con quien se fugó usando un túnel secreto (hoy, la salida se encuentra debajo del piso del baño de damas) que comunicaba con la cercana Iglesia de San Pedro Telmo, la que a su vez funcionaba como nexo con el puerto. La historia tuvo un final trágico, pero aparentemente para conocerlo debemos ir a probar la parrillada. Una promesa de achuras, una historia atractiva por conocer y la próxima apertura para visitar una porción de los túneles subterráneos, hacen de la Tasca un lugar muy atractivo para ir a almorzar.

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El Histórico (México 524): El ambiente de El Histórico es claramente más reservado, lo que lo hace ideal para una salida nocturna. Parte de su atractivo sea tal vez estar relacionado con la historia de Felicitas Guerrero. Construido en 1860, este fue su hogar familiar hasta que a los 16 años sus padres la casaron con Martín de Álzaga, de más de 50. Felicitas enviudó y se enamoró pero la historia finalizó con un pretendiente despechado pegándole un tiro. Sus padres decidieron velarla en esta casa. Luego de su muerte y de la mudanza de la familia Guerrero, esta quedó abandonada y los vecinos clamaban ver allí un fantasma con silueta de mujer, supuestamente de la joven. Hoy, esta casa se divide el espacio entre la Sociedad Argentina de Escritores y el restaurante, que da al frente, ocupando los salones que dan a la calle, y se extiende al hermoso patio con aljibe. Su propuesta culinaria es bastante tradicional, pero destaca por el lugar en sí y por la curiosidad de saber si todavía se puede sentir el espíritu de Felicitas.

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La Perichona (Venezuela 469): Si la Tasca puede ser una buena opción de almuerzo y El Histórico de cena, La Perichona es la merienda indiscutida. En el viejo patio colonial de esta casona construida a fines del siglo XVIII, se puede descansar en sillones coloridos mientras comemos alguna empanada, brownie o tostadas y degustamos un té frío o limonada. La casa perteneció al Virrey Liniers, quien reconquistara Buenos Aires luego de las invasiones inglesas. Pero la historia se pone más interesante porque es aquí donde se encontraba furtivamente con su amante, Ana Perichon. “La Perichona”, como se la conocía por entonces, estaba casada con Thomas O’Gorman y fue la abuela de Camila (a quien fusilaron por tener amoríos con un cura, pero eso es otra historia). Sobre ella se decían muchas cosas: que era espía, que tenía amantes varios, incluso que andaba en negocios turbios, pero lo que más escandalizó al pueblo por aquel entonces fueron sus amoríos con el Virrey. Como suele suceder con muchas de las mujeres más célebres de la época, mantenía en su hogar una agitada vida social. Casi dos siglos después, este espacio, que se convirtió en “despensa de comidas” (y que forma parte del Centro Cultural Espacio Virrey Liniers), vuelve a atraer con una propuesta accesible y muy rica.

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Bonus: L’Atelier de Celine (Carlos Calvo 242): En esta casa no se sabe si hubo historias de amores trágicos o romances truncos (seguramente así lo sea), pero que en lo de Celine se respira un ambiente íntimo, eso seguro. La casa data de 1807, haciéndola otra de las edificaciones coloniales que aún se mantienen en pie más antiguas. Todos sus detalles (las puertas, la herrería, los pisos color ladrillo) le dan un aire nostálgico que junto al menú francés logran una fusión muy recomendable. Imperdible utilizar la terraza si el clima lo permite.

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