Microbarrios

Los barrios Catalinas Sur, Rawson y Los Andes son pequeñas islas dentro de las zonas que los cobijan. Estos tres microbarrios, definidos en algunas pocas manzanas, a pesar de ser completamente distintos “físicamente” suelen compartir ciertas características esenciales: surgieron originalmente como solución a los problemas habitacionales de Buenos Aires, tienen una estética que se diferencia del barrio “padre” y por sus calles reina una tranquilidad que se interrumpe sólo cerca de sus límites. Pero cada uno de ellos tiene su historia particular. Por eso es interesante adentrarnos en sus formas para conocer estos costados de la ciudad que se intentan esconder a la vista pero que una vez dentro son más que interesantes, ya sea como paseo nuevo o para descubrir un poco más sobre este tipo de viviendas populares que aparecen en la ciudad:

Barrio Catalinas Sur (La Boca)

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Técnicamente llamado Barrio Alfredo Palacios, en honor al primer diputado socialista representante por La Boca en el Congreso Nacional, este conjunto habitacional construido entre 1962 y 1965 se delimita por las calles Necochea, Blanes, Caboto y las vías del ferrocarril. Históricamente Catalinas Sur era una zona de terrenos que habían quedado baldíos como resultado de la decadencia de la zona portuaria. La entonces Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires los adquirió y pasaron a formar parte de un plan municipal de construcción de viviendas. Así, este “Complejo Habitacional Catalinas Sur” fue diseñado como un microbarrio independiente según las ideas para el desarrollo urbano y la vivienda de la época. Está compuesto por una serie de edificios de doble cuerpo (más conocidos como monoblocks), algunas torres y cinco conjuntos de casas de un solo piso, una escuela pública (la Nº 8, Carlos Della Penna) y una parroquia (la Parroquia de Nuestra Señora Madre de los Emigrantes, con su propia escuela, Instituto Madre de los Emigrantes), todo unido por pasajes peatonales propios, jardines y plazas internas. La carencia de calles habilitadas al tránsito y sus numerosos espacios verdes permiten que el barrio se encuentre casi aislado y con una atmósfera propia, a pesar de su cercanía con lugares tan concurridos como Puerto Madero, el Hospital Argerich, la cancha de Boca o el Parque Lezama.

Barrio Rawson (Agronomía)

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Más conocido por haber sido hogar de Cortázar, este barrio se encuentra compuesto por un conjunto de construcciones que durante las décadas de los 20 y 30 fueron pensadas para la clase obrera. Fue uno de los proyectos de barrios planificados por la Comisión Nacional de Casas Baratas y estuvo compuesto originalmente por dos sectores diferenciados: por un lado, un conjunto de edificios de departamentos distribuidos dentro de un parque; por el otro, 104 casas individuales sobre un trazado de pasajes en un espacio triangular, arrinconado entre los predios del Club Comunicaciones y la Facultad de Agronomía, entre las calles Espinoza, Tinogasta y Zamudio. A pesar de que muchas casas hayan cambiado sus fachadas, todavía se puede percibir en la gran mayoría una influencia europea, con techos a dos aguas y tejados color ladrillo. La tranquilidad es parte de este barrio residencial, donde la calle más larga (Julio Cortázar) consta de seis cuadras y le hace honor a su vecino más famoso. Es que el autor se hace presente, además, en graffitis garabateados en puertas de garages ajenos y en la que fuera su casa, frente a una pequeña plazoleta, donde una placa recuerda su estadía y hace gala del clima de este barrio tan particular, que incluso quedó plasmado en uno de sus cuentos.

Barrio Parque Los Andes (Chacarita)

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Con un perímetro marcado por portones y paredes, el complejo Los Andes (aludiendo al parque que está enfrente) ha sabido hacerse la fama de ser un oasis en medio de Chacarita. Callecitas internas, espacios verdes, canchas para hacer deportes y bicicletas por aquí y por allá, forman el alma de este barrio que, gracias a su carácter de cerrado (aunque se puede visitar, por ejemplo, en eventos como Open House BA), es el que más atmósfera comunal mantiene. Nacido originalmente como Casa Colectiva Parque Los Andes, la Municipalidad mandó a construir a fines de los años 20 este conjunto de viviendas económicas con la intención de albergar familias. El lugar se compone de más de una docena de edificios de tres pisos de altura y los departamentos poseen características de nivel para la época en que fueron construidos (pisos de pinotea y escaleras de mármol, entre otros detalles). Entre las calles Leiva, Rodney, Concepción Arenal y Guzmán se encuentra este pequeño pueblo nombrado “Primera Casa Colectiva Municipal, 1927”, como alega una placa en una de sus entradas, y “Ejemplo de arquitectura en vivienda ciudadana”, según otra. Allí, los chicos juegan en las esquinas y se ve a las vecinas tender la ropa, un mundo privado donde la calle vuelve a formar parte de lo cotidiano.

Lo interesante de estos espacios es que con el paso del tiempo, a pesar del cambio de manos de las propiedades o de nuevas generaciones de familiares de los dueños originarios, siguen siendo reductos casi misteriosos para quienes no los conocen. Para esos transeúntes casuales suelen ser motivo de sorpresa, y conocerlos por dentro transportan a otro lugar, como si un nuevo secreto de Buenos Aires les hubiese sido develado.

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