Perspectiva de cuadra

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Las cuadras no son todas iguales. Por supuesto que no. Cada casa, negocio y esquina forman un conjunto que muy difícilmente se repita, ya sea en la cuadra siguiente o en la de enfrente. Porque son mucho más que líneas rectas que se continúan solo para interrumpirse por callecitas, pasajes, recovas o grandes avenidas. Las cuadras forman conjuntos de “microuniversos”. Como si fueran microclimas o microbarrios, entre una cuadra y otra podemos cambiar de ciudad e incluso de atmósfera.

Me voy a explicar un poco más. Tengo una teoría que poco tiene que ver con cómo se organizan arquitectónicamente estos fragmentos (aunque por supuesto que eso ayuda mucho). Tampoco se trata de más o menos limpieza o suciedad, o sonido ambiental o tranquilidad fuera de lo común. Para mí, todo tiene que ver con la perspectiva. Sí, con la forma en que encaramos un cuadra. Porque no son iguales entre sí pero tampoco lo son para unos y para otros (la historia personal influye). Pero más importante, las cuadras no son (ni generan) lo mismo si se las camina para un lado o para el otro.

Por ejemplo, el pasaje Rivarola, en San Nicolás, suele ser mencionado como “una porción de Paris” en suelo porteño y es retratado usualmente para sesiones fotográficas de marcas de moda y publicidades varias. Es uno de los pasajes que más me gustan de la ciudad, PERO si se lo agarra en dirección norte. Es decir, de Bartolomé Mitre hacia Perón, de forma que se pueda apreciar la uniformidad de las construcciones afrancesadas que se reflejan como en un espejo, enfrentadas, y el detalle del reloj de la histórica ex tienda de reparación de relojes. Si se lo transita de la manera inversa es una callecita linda, sí, pero no tiene la misma magia. Incluso, el sol le pega diferente.

Otro caso particular que me llama la atención es el recorrido de la calle Defensa para el sur, desde Brasil hasta cruzar Av. Caseros. Son dos cuadras nomás. La vista del Parque Lezama con sus palmeras que se alzan altísimas; las puertas del Museo Nacional Histórico, con los guardias de seguridad aburridos, siempre esperando que termine el día; la Av. Caseros, con sus casas para los ex trabajadores ferroviarios de principio de siglo; la bicicletería de la esquina, que está desde hace años y cada vez más requerida… Todos estos retazos visuales siempre me generan la misma sensación: que estoy momentáneamente en otro lado. Eso sí, esta “teletransportación” se da caminando de la mano derecha exclusivamente y hacia la Av. Martín García.

Hay cuadras que tienen un “no sé qué”, hay cuadras que solo quedaron en el recuerdo, hay cuadras venidas a menos y cuadras transformadas. Yo estoy segura que cada uno tiene la suya, esa preferida para transitar, que nos invita a mirar de un lado a otro y que, sin darnos cuenta, nos hacen sentir seguros, como en casa y a su vez fuera.

Lu.

 

 

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