Buenos Aires sin filtro

Recientemente acompañé a un extranjero a recorrer la ciudad y noté su frustración ante la imposibilidad de lograr una foto “perfecta”. Entonces reflexioné respecto a esta característica. Siendo fotogénica en cada esquina, Buenos Aires es elusiva a la foto ideal. Un auto, un container, incluso una gran cantidad de gente, suelen posarse frente a edificios o monumentos, interponiéndose entre la cámara y el objeto/sujeto de deseo.

En épocas de filtros indiscriminados, todos queremos ser -y por algunos instantes nos creemos- Horacios Coppolas que simplemente nacieron un poco después y llevan un Samsung Galaxy como herramienta de trabajo. No hay nada que un filtro Mayfair no pueda solucionar y en una ciudad con tanta historia, cualquier cosa en blanco y negro da antiguo.

Pero Buenos Aires, ya sabemos, no es una ciudad fácil. No se sienta a posar como si nada ni tiene placitas estratégicamente ubicadas frente a sus lugares más fotografiados. Pienso en el Obelisco, por ejemplo, que sólo puede ser captado en su totalidad a lo lejos, como un detalle, y pienso en Times Square con sus gradas que hacen de trípode constante. Una comparación un poco aleatoria lo sé -y odiosa, como todas-, pero una cosa es segura: ambos puntos figuran como la principal atracción de sus respectivas ciudades.

Nosotras también hemos caido en el tentador engaño de Instagram (¿cómo no hacerlo? Queda todo tan…artístico), pero lo encaramos con la premisa de buscar detalles o incluso esos paisajes urbanos no tan perfectos, pero tan característicos de una ciudad, ante todo, ecléctica y enquilombada. Ahí es donde está su encanto y que es -casi siempre- lo que termina de enamorar o espantar a cualquier paseante.

insta

Buenos Aires se escapa de la pose como muchos escapamos de la cámara si se nota que dormimos poco o justo nos pusimos esa remera porque no se nos ocurrió que seriamos retratados. Antes, cuando tomar una foto implicaba un gran aparato que sólo se llevaba en ocasiones especiales, todo era más fácil. Se sabía cuándo vendría el click. Ahora que todos llevamos la posibilidad de retratar un instante (y compartirlo con el mundo), parecería una obligación estar siempre listos. Como si de una persona se tratara, la ciudad también tiene sus días, sus formas y sus exigencias a la hora de posar. Lejos de la perfección parisina, la convulsión neoyorkina, la riqueza limeña o el paisajismo alocado de Rio, Buenos Aires, cuando ella quiera, va a posar. Sin pedir filtro.

Caro.

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