Encantador Abasto

Si tuviéramos que elegir un sólo barrio de Buenos Aires que condensa todo lo que es la ciudad, ese lugar podría ser el Abasto. Ni La Boca, ni Recoleta, ni San Telmo. Es que aunque no tenga los puntos de interés más concurridos (excepto quizás la casa de Carlos Gardel donde rara vez se encuentra un argentino, como reafirmando la historia que allí se cuenta: el Zorzal era francés), el Abasto es conjunción de todo lo que es Buenos Aires: caos, belleza, diversidad, pasado y presente.

En realidad, se trata de una zona comprendida dentro de Balvanera -barrio oficial un tanto despreciado, ya que poco se conoce por ese nombre y es en realidad también hogar del famoso Once-. El área tomó su nombre del mercado al cual rodeaba y que tras años de abandono que hacían de la zona un lugar un tanto peligroso e inaccesible, se convirtió en un shopping de dudoso gusto pero que definitivamente cambió la cara de los alrededores. Hogar de colectividades, nacionalidades y tribus urbanas de lo más variadas, el barrio que “nunca termina de emerger” hace de ello su principal rasgo y es quizás por eso donde se pueden encontrar algunos de los lugares más novedosos, pero escondidos en el medio de la ciudad.

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Ya caminar por el Abasto es una experiencia diferente a otras partes de la Capital. Excepto por el ocasional edificio de más de tres pisos -testimonio de un boom inmobiliario que nunca fue post inauguración del shopping-, la zona está poblada de casas: algunas de ellas tomadas, otras tantas devenidas local gastronómico, varias convertidas en teatros y unas pocas recicladas a nuevo. Mayormente asociada al tango, como una prima de San Telmo o Boedo, fue la oferta teatral la que en los últimos años rejuveneció la zona. Espacios como El extranjero, del genial director y actor Rafael Spregelburd, la sede del Teatro Ciego o la ya ultra famosa Ciudad Cultural Konex hacen del Abasto su hogar. De todas formas, son los pequeños teatros/cafés que se encuentran en casi cada cuadra los que hacen rebosar de actividad y movimiento la zona, especialmente al caer sol (sí, se puede caminar tranquilo -aunque con precaución- de noche por el Abasto).

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En lo que a gastronomía respecta, se está lejos de la uniformidad palermitana del colchón de verduras del mediodía o los macarrons de la tarde. Las opciones son muchas y variadas, fiel reflejo de su diversidad. Para empezar están los incontables restaurantes peruanos, entre los cuales se destaca Mamani (Aguero 707), donde la abundancia y variedad son un hecho. También se puede degustar la cocina rusa de Ermak (Billinghurst 815), cuyo staff de esa nacionalidad no se destaca por su amabilidad, pero sí por la eficiencia y el sabor. Sobre la misma cuadra se encuentran dos -siempre necesarias- opciones italianas: por un lado el bodegón de pastas Pierino (Lavalle 3499) y por otro, la gran joya de la zona, Musetta (Billinghurst 894). Café/restaurant atendido por su muy italiana dueña Cristina, tiene uno de los mejores tapeos de Buenos Aires, que acompañado por un buen vino hacen de este pequeño local con ocasionales recitales de tango, uno de esos rincones inigualables de la ciudad.

Pero si de lugares únicos se trata, La Percalina (Guardia Vieja 3566) se lleva todos los premios. Las amantes de la ropa en general y lo vintage en particular se sorprenderán por este espacio atendido por sus dueñas que se dedican a poner a punto cada prenda. Lo que desde afuera parece una vidriera y nada más, tiene para descubrir un subsuelo lleno de piezas únicas restauradas de principios del siglo XX en adelante. La Percalina es una forma diferente de experimentar lo vintage, con la garantía de siempre encontrar una pieza única -sin dejar de ser muy accesible- a pocas cuadras del shopping.

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Nada del Abasto es igual a otras zonas, pero en cada cuadra de veredas amplias, hojas caídas (en esta época), paredes fileteadas o grafiteadas por igual y personajes únicos se respira la ciudad. Como si en el medio del mapa porteño se hubiera abierto una mini sucursal de lo que acá transcurre y somos: novedad, tradición, variedad, abandono, pero sobre todo, Buenos Aires.

Para acompañar el paseo

Una canción: Mañana en el Abasto de Sumo

Una pelicula: El Mercado de Néstor Frenkel

 

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