Buenos Aires Masónica

Buenos Aires tiene infinitas maneras de recorrerse. Al bus turístico de la ciudad, los clásicos recorridos por Recoleta o los paseos obligados por Caminito se suman circuitos para descubrirla a partir de una temática particular y explorarla al máximo en diferentes rincones. Un caso así es el de “Buenos Aires Masónica”, un paseo que recorre historia y arquitectura referentes a esta práctica rodeada de misterio. No incluye ceremonias ni iniciaciones, sino que aborda algunas temáticas y espacios relacionados a esta antigua agrupación mundial. Y eso ya es más que interesante.

El paseo comienza en un simpático bar en Tte Gral. Perón al 1259. Aunque para el transeúnte distraído puede pasar como un simple café porteño, una vez dentro de Café de Marco uno se encuentra con gran cantidad de simbología y objetos relacionados a esta práctica que ya lleva más de 150 años en nuestro país de manera oficial. No es casualidad el rol de este bar en la historia masónica. Abierto en 1801, por él pasaron -en su ubicación original de Alsina y Bolívar- gran parte de los políticos que a diario recorrían la zona y que ya habían sido iniciados en esta sociedad autodenominada “filantrópica, filosófica y progresista”. Parecería que la historia de la Argentina es la masónica, o viceversa. En todo caso, no hay dudas de la influencia de este grupo en el devenir argentino. Es que una gran cantidad de las principales figuras históricas del país como Sarmiento, Quintana, Pellegrini, Yrigoyen, Rivadavia -y la lista sigue- fueron parte de este grupo en algún momento de sus vidas.

Tras un raconto de la historia y principales fundamentos de la masonería durante esa literal “charla de café”, el paseo continúa enfrente, en la Gran Logia Argentina (Tte. Gral. Perón 1242), su sede principal. Allí se exploran, además de historias curiosas, los símbolos que caracterizan a los masones y que están presentes en toda la arquitectura del lugar que, una vez más, puede pasar desapercibido para el ojo no atento.

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Mucho se habla sobre el misterio que rodea a este tipo de agrupaciones, que prefieren definirse como discretas. No buscan mostrarse, acaso herencia de épocas de persecución donde realmente era necesario mantenerse al margen de la ley. Sin embargo, desde 1857 la masonería argentina tiene un marco legal, lo cual de por sí ya la saca de la posibilidad de secretismo absoluto. Este tipo de datos son los que hacen de este un paseo distinto. Información como la cantidad de logias en el país -y la explicación de qué es una logia, por supuesto-, las sedes, y los ritos que siguen son elementos que nos aproximan al mundo masónico. Para los más fascinados por la temática, nos enteramos que a pesar de que históricamente sólo se podía ingresar a través de recomendaciones de miembros ya iniciados, hoy cualquier puede hacer toc toc sobre la calle Perón.

El recorrido se mueve de la zona más céntrica previo paso por el Congreso y, luego de escuchar la cantidad de políticos que pertenecieron a alguna logia, no debería sorprender encontrar simbología a su alrededor, gran parte de ella mandada a construir para los festejos del Centenario por el entonces presidente y masón, José Figueroa Alcorta. Otra parada obligada es el Palacio Barolo, aquel inspirado por la Divina Comedia y del cual tanto el Sr. Barolo que lo mandó a construir, como el arquitecto Palanti fueron -ya no muy sorprendentemente- masones.

Para finalizar el tour, el bus turístico se dirige bien al sur, al Barracas que viene emergiendo. Allí incluso pequeñas casas tienen guiños masónicos, y es, además, donde se encuentra la Gran Logia de Hijos del Trabajo. Esta ubicación tiene sentido pensando en los italianos que antaño poblaron la zona sin dejar de traer influencias de su país de origen. Entrar a la Logia es, en todo sentido, entrar a un templo. Aunque lejos de la arquitectura espectacular de algunos retratos hollywoodenses, sin duda se accede a un espacio de contemplación, aprendizaje y ceremonia.

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El paseo masónico de Buenos Aires no es un simple tour de lugares, aunque permite a uno visitar espacios fuera del turismo más tradicional, lo cual es parte de su encanto. Sin embargo, su mayor virtud radica en observar desde otro punto de vista, o de aprender recorriendo la ciudad. Nada de libros de Dan Brown ni películas de suspenso. La masonería está a nuestro alrededor, es sólo cuestión de observar un poco más.

Información útil

Zigiotto Viajes ofrece este tour regularmente, además de otro específico del Cementerio de la Recoleta y otro con la misma temática que recorre La Plata.

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