Por Provincia: La Ruta Salamone

Parte de vivir en una ciudad es el acceso a sus alrededores. Nos dedicamos a disfrutar y compartir todo lo que nos gusta de la General Paz para acá, pero la ocasional salida al Tigre, La Plata, Luján u otro paseo cercano son parte también de habitar en Capital Federal. Cada tanto, un fin de semana largo nos lleva unos kilómetros más allá. Tal es el caso de la “Ruta Salamone”. Desconocida para muchos, fascinante para otros, se trata de seguir la obra del arquitecto Francisco Salamone. Ignorado y hasta despreciado en su época (la mayoría de sus obras son de la década del 1930) la impronta de este italo-argentino puede apreciarse en numerosos poblados de la provincia a través de las escuelas, municipalidades y mataderos que dejó. Recorrer toda su obra es una tarea de muchos días yendo y viniendo por la vasta provincia de Buenos Aires. Una forma de comenzar a aproximarse a la obra es a través de las Rutas Nacionales 3 y 5, con algunos desvíos en el medio.

Para empezar, la localidad Azul cuenta con la creación más importante del arquitecto: El pórtico del cementerio de la ciudad. Como salido de un cuento de ciencia ficción o parte de un clásico del cine como Metrópolis, la bienvenida del Arcángel San Miguel con las siglas RIP detrás es imponente e inmensamente bello, pero sobre todo único. Es que la obra de Salamone, con una mezcla de varios estilos, entre los que predominan el Futurismo y Art Decó, se parece a pocas otras, o en todo caso a la de él mismo. En esa misma localidad se puede visitar la plaza principal que incluye el mobiliario y baldosas zigzagueantes que caracterizan a Salamone y que marean a cualquiera que corra un par de vueltas a su alrededor. El resto de la obra en Azul incluye la entrada al parque de la ciudad (muy lindo paseo por sí mismo) y un matadero abandonado en las afueras, con insinuantes formas que remiten a cuchillos.

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A unos 300 km de Azul se encuentra la pequeña localidad de Carhué, donde sobresale -literalmente- su municipalidad que con una mezcla de simetría y formas curvas es otra de las grandes obras de Salamone. Más interesante aún, a pocos kilómetros yace la ex Villa Epecuén. Lo que en su momento fuera una exitosa localidad de veraneo se inundó en 1985 a causa de la rotura en un terraplén que fue tapando de agua todo de a poco hasta sumergir al pueblo entero durante años. Hoy esa zona ha re-emergido de las aguas salinas del lago Epecuén, dejando tras de sí un paisaje único y fantasmal. Entre esas ruinas se encuentra una de las más interesantes obras de Salamone, un matadero que en estructura permanece casi intacto, pero que en su interior se pueden visitar sus compartimentos en pleno estado de abandono o subir a su original cartel que hace sonreír a cualquier diseñador gráfico con su original tipografía.

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Cincuenta kilómetros al noreste de Carhué se encuentra Guaminí. Allí, el matadero es bastante más chico que su hermano en Epecuén (o más bien primo porque aunque mantiene algunos rasgos “Salamónicos” tiene un estilo diferente). Éste también está abandonado y tiene fácil acceso, pero cuenta con la particularidad de mantener gran parte de su maquinaria y mobiliario de épocas que se encontraba en funcionamiento. Además, en la misma ciudad la municipalidad pasó por las manos del genial arquitecto.

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Volviendo por la Ruta 5, la ciudad de Alberti, ya a unos 200 km de Capital, también cuenta con más de una obra de Salamone. La escuela principal y la entrada al parque -más austera, pero más colorida que la de Azul- tienen puntos en común con otras obras del recorrido. Sin embargo, la estrella de esta parada es la fuente de la plaza principal. Aunque técnicamente no es una fuente (no tiene agua), su estructura simétrica y en capas es un delirio para los ojos, y está acompañada una vez más por las características baldosas en zig zag.

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Tanto la obra como la historia de Salamone son verdaderamente fascinantes. Su paso por gran cantidad de localidades dejó su marca, y aunque en muchos casos no se preservan en el mejor estado, se destacan en cada pueblo en que se las encuentra. Acaso es ese uno de sus grandes hallazgos, obras cuasi monumentales en zonas rurales, que ni el crecimiento de los últimos 80 años pudieron opacar. La realidad es que son pocos los artistas como Salamone que transportan tan fácilmente a otros tiempos y espacios. Y toda esa magia está muy cerca de la ciudad de Buenos Aires.

Más sobre Salamone

La obra de Francisco Salamone en la provincia de Buenos Aires abarca -entre las mencionadas y otras más– a Pellegrini, Chascomús, Laprida, Coronel Pringles, Saliqueló y Saldungaray. También se pueden encontrar algunas obras en las provincias de Córdoba y Santa Fe. En Capital Federal existe un edificio de viviendas en Av. Alvear y Ayacucho.

Son pocos los libros dedicados a su obra pero online puede encontrarse variada información como un catalogo de su obra, una fanpage en su honor y hasta una de una serie de docuficción sobre su obra.

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1 Comment

  1. Muy interesante informacion. Es triste ver como la politica y la ignorancia son presentes en el abandono de tan preciadas obras artisticas. Porque no hacer un centro cultural en estos edificios??

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