Mito urbano: la historia de venganza del Kavanagh

Por Lu

Dicen que lo hizo por venganza. La Plaza San Martín de Retiro fue la supuesta testigo de un culebrón de principios de siglo XX a lo “Avenida Brasil”. En el ring tenemos en una esquina a Corina Kavanagh, heredera de una familia muy adinerada pero no patricia; en la otra, Mercedes Castellanos de Anchorena, matriarca de la familia más rica -y una de las más antiguas- del país. Supuestamente Mercedes le prohibió terminantemente a su hijo Aarón, típico dandy porteño, que continuara -o pasara a mayores- el affaire que mantenía con Corina. Despechada, esta decidió vengarse construyendo una mole de edificio a escasos 200 mts del ex Palacio Anchorena (hoy Palacio San Martín), tapando la vista que tenía la residencia de la Basílica del Santísimo Sacramento, mandada a construir por Mercedes años antes, y futuro sepulcro familiar de los Anchorena. Tal es el fervor por esta pintoresca anécdota que se ha propagado en libros, films y artículos periodísticos.

Si algo de esto fue realmente así, no se sabe con certeza. Siempre la romantización de los hechos vende más. La idea del amor que no pudo ser alcanza todos los corazones. Pero por más atractiva que sea esta historia, lamentablemente no dan las cuentas. El ex Palacio Anchorena fue construido entre 1905 y 1909. La Basílica del Santísimo Sacramento fue consagrada en 1916. La supuesta villana de la historia, la Sra. Mercedes, falleció en 1920, antes que el Kavanagh tuviera siquiera cimientos. Este se comenzó a construir en 1934 y se inauguró en tiempo récord en 1936. ¿Entonces?

kavanagh

El “dicen” siempre es anónimo y coral. Por supuesto que el plural significa que son muchos los que lo creen, con lo cual, “debe ser cierto”. La creación de los mitos urbanos siempre alimenta el adn de una ciudad. Pero lo más sorprendente de todo esto es que en un lapso de menos de 30 años se enfrenten dos de los más bellos edificios que tenemos en Buenos Aires: un palacio del mejor ejemplo de L’Ecole des Beaux Arts contra un gigante de hormigón armado art decó. El espacio enfrentado entre los dos representa más que una historia de amor y venganza, la historia de un país que cambió de mentalidad a ritmo vertiginoso. Como divisor de dos épocas que transformaron Argentina radicalmente, la Plaza San Martín contrapone al modelo agroexportador con el de la industrialización, al clasicismo con el racionalismo y también (¿por qué no?) a Mercedes vs. Corina.

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