Un recorrido por el gran Teatro Avenida

La Avenida de Mayo es, sin lugar a dudas, el corazón mismo de la colectividad española en Buenos Aires. Hace casi 106 años se inauguraba en el N°1220/22 de esta arteria el Teatro Avenida. La numerosa comunidad ibérica no contaba con una sala importante que le fuera propia. Por esa razón se les encargó el proyecto a los ingenieros A. Ortúzart y C. Fernandez Poblet, y la obra fue ejecutada por los hermanos Juan y Joaquín Cordeu.

La inauguración de esta sala de carácter clásico fue el 3 de Octubre de 1908, a tan solo meses de la del Teatro Colón. Con una planta en forma de herradura y escenario con foso para orquesta, cuenta con dos niveles de palcos y uno de tertulia (que también incluye palcos laterales), un paraíso y un sobre paraíso, para público de pie. El techo de la sala es abovedado, rematado con un fabuloso chandelier central, facetado y decorado con imágenes simbólicas. Las figuras de 16 músicos rodeándola, esculpidos en la bóveda, engalanan aún más el estilo imperio de las molduras.

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El teatro abrió sus puertas con la pieza teatral “El castigo sin venganza”, del mundialmente conocido Lope de Vega, y de la mano de una de las compañías más taquilleras de ese tiempo, la de María Guerrero y su esposo Fernando Díaz de Mendoza. Ella era una de las actrices más distinguidas de la Madre Patria (hasta había coincidido en un escenario con la mitica Sarah Bernhardt). Él, un aristócrata importante en España, que -casi en la ruina- había decidido ser actor. Triunfaron juntos y crearon una de las compañías más famosas de ese tiempo y se enriquecieron inmensamente en el camino. Amaban tanto Buenos Aires que luego donarían el Teatro Nacional Cervantes, pero eso ya es otra historia.

Los más grandes artistas españoles que se presentaban en Buenos Aires lo hacían en este teatro. La estupenda Lola Membrives estrenó allí “La Malquerida”, y luego volvería con “Bodas de Sangre”, “María Pineda” y “La zapatera Prodigiosa”, todas de Federico Garcia Lorca y con un éxito sin precedentes. Otra memorable actriz española, Margarita Xirgu, estrena en el mismo teatro, en 1945, “La Casa de Bernarda Alba”, también de Lorca (que por esos días ya era un asiduo visitante de nuestra ciudad y se hospedaba a metros de allí, en el Hotel Castelar, donde hoy una de sus habitaciones le rinde tributo).

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Así como el Teatro Colón es el templo de la lírica, El Cervantes, del teatro clásico argentino y El Maipo, de la revista porteña, el Teatro Avenida fue el templo indiscutido de la zarzuela. Es imposible enumerar la cantidad de títulos y artistas que enriquecieron este género, que fue tan querido por los porteños, y que llegó a tener tres funciones diarias. La zarzuela no daba respiro y el público se rendía a sus pies. Pasaron los años y su escenario siguió siendo sitio obligado para muchos otros artistas españoles pero también nacionales. Varias de las estrellas más rutilantes de nuestro país, como Tita Merello, Tato Bores y Hugo del Carril, fueron estrellas en el Avenida. Lolita Torres había debutado en ese escenario a los 5 años de edad, en un número musical. La comedia musical también se lució en esta casa. El estreno de “Kiss me Kate”, de Cole Porter, dirigida y protagonizada por José Cibrián y su esposa Ana María Campoy, con escenografía de Eduardo Bergara Leumann, fue un verdadero triunfo e instaló ese nuevo género definitivamente en nuestra ciudad.

Pero las cosas comenzaron a cambiar a fines de la década del 70. En abril de 1979 entre los empresarios de este teatro figuraban Nati Mistral y Alberto Closas. “El Diluvio que viene”, que luego sería uno de los grandes clásicos de la comedia musical, estaba a punto de estrenarse y todo indicaba que sería otro victoria en la taquilla. Los ajustes de una puesta muy complicada estaban a punto, pero algo sucedió en el ensayo. Durante la escena final una paloma debía sobrevolar desde la tertulia hasta el escenario, pero el adiestrador advirtió que al abrir la jaula ella no salía. Entonces preguntó si había algún animal en el teatro. Ingenuamente le contestaron que solo había un gato. Nati Mistral, que estaba allí y adoraba a los morrongos (gatos), no lo dudó un instante y se lo llevó a su casa. Por supuesto, la torcaza blanca no tuvo más miedo en abandonar su jaula una vez que no vio al animal. Exactamente al día siguiente un incendio voraz se inició en el Banco que se encontraba en la esquina del Teatro y era lindante con él. Al llegar la policía y los coches autobombas, y al abrir la puerta principal de la sala, se desplomó el techo del foyer. Lamentablemente, murieron allí dos personas. Los tristes sucesos pusieron de luto a toda la colonia artística, a la colectividad española y al público en general. Si bien la Sra. Mistral no era supersticiosa, recordaba un dicho que afirmaba que cualquier persona que se llevará un gato de un teatro, no lo pisaría jamás. Nati Mistral, tan venerada por el público argentino, volvió innumerables veces a actuar en Buenos Aires pero nunca sobre ese escenario.

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El Teatro Avenida permaneció clausurado por la justicia muchísimos años. Ya en estado de abandono total, y luego de interminables gestiones, un consorcio de empresarios españoles, a los que llamaron cariñosamente “Los Quijotes”, lo rescató, remodeló y le devolvió su antiguo esplendor. El 19 de Junio de 1994 se reinauguró con un Concierto de Gala a cargo del célebre Plácido Domingo.

Hoy la historia de este impresionante teatro se sigue escribiendo, ya no desde la zarzuela, que por cierto está casi en extinción en nuestra ciudad, sino exclusivamente desde la lírica. Su sala y sus instalaciones son quizás las mejores preservadas de todos los teatros de Buenos Aires.

Muchas Gracias, glorioso Teatro Avenida. He sido gustosamente testigo, espectador y parte de esta historia.

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Guillermo Dourée nació en Buenos Aires y tuvo el privilegio de tener padres, y luego tíos, que adoraban el teatro. A los 5 años de edad ya era habitué del Colón, Coliseo, Cervantes, Avenida, San Martín y cuanto teatro hubiera en Buenos Aires. Viajando y estudiando fuera del país, tuvo la fortuna de ver monstruos sagrados del teatro, ópera y ballet mundial. Su pasión absoluta sobre todas las cosas es ver un buen espectáculo y hasta puede llegar a ir todas las noches a ver una obra diferente.

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